domingo

Quiero

Las personas no tenemos límites. Es todo mentira. Piur bulshet, un invento artificio.
Pero somos limitados por otras personas, los que pueden, tienen con qué.  Y eso hace que como reproductores del orden que somos (orden hiper mega archi re contra re mil internalizado) (besito, Fucó), como reproductores del orden que somos, somos limitados y entonces limitamos al otro. Después está el otro nivel, ¿no? El de limitarnos a nosotros mismos.
Entonces todos los lúmpenes boludos que somos, nos limitan, nos limitamos a nosotros mismos y encima, ENCIMA, limitamos a otros.

Y creo que la forma más fea de poner límites al otro es cuando nos asustamos por cómo es. Cuando alguien es muy diferente a lo que creemos que es correcto (impuesto por supuesto, lo que creemos que es correcto no es otra cosa que la forma más básica de la reproducción del orden) lo eliminamos, lo anulamos. Y sino, contribuimos a que lo anulen... O incluso se anule a sí mismo.

No sé, pero es tremendo.

Sobrevaloramos lo raro, lo diferente, nos vanagloriamos... Pero en realidad lo discriminamos. Es que lo raro es perjudicial. Rompe con el estamento de reglas que tenemos en la cabeza. Nos da miedo que lo convencional desaparezca, se rompa. Que venga lo desconocido.

Malo conocido.

Ya fue, che. ¿Y si el bueno por conocer es mejor?

Por lo menos se sabe que no es malo. O no sé.

Malo mejor.

Conocido seguro.

Miedo mejor.

Desconocido mejor.

O estoy confundida y tengo que repasar el miedo a lo desconocido según Enriqueto PishónRivier

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