martes

Esos momentos celestiales....

Esos momentos celestiales en los que te dan más ganas de estar muerto que vivo.
En que la persona que vive con vos no puede ni acomodar el papel higiénico para que no se moje y se haga mierda.
(Que encima hay que comprar otro, porque se acabó, es el último rollo y se desperdicia).
(Y la economía está mal).
Cuando con la reglita de la pedagogía de los cuarenta y cinco minutos uno no quiere sentarse cuatro horas a escuchar.
Ay, pero que es mucho tiempo y mi atención no aguanta.
No, la verdad que no.
La mía tampoco te aguanta.
A mi qué me importa si dos horas dos o tres. O cuatro o mil.
Escuchar me encanta.

Lástima las sillas, eso sí.
Son más incómodas que media mojada.
Apoyar el cuaderno sobre las patas requiere
cuanto menos mucho empuje.

Pero... pará.
¿Y la gente en las fábricas como hace?
Ahhhh, nooooo.
Cierto que hacemos un trabajo de intelectuales.
Más de cuarenta y cinco no.
Somos intelectuales no trabajamos con las manos.
No nos quedamos parados.
Si tenemos cuerpos de filósofos no trabajamos con las manos.
Y no.

Ojalá que no.

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